¿Qué no es la sororidad?
"Sororidad no es decirle a otra qué hacer o no con su cuerpo, no es decirle qué pensar, qué ponerse, cómo hablar, a dónde ir, qué hacer con su tiempo, no es decidir por la otra.
"Sororidad no es decirle a otra qué hacer o no con su cuerpo, no es decirle qué pensar, qué ponerse, cómo hablar, a dónde ir, qué hacer con su tiempo, no es decidir por la otra.
La sororidad es dar lugar a la palabra de la otra, que ella decida libremente, sobre ella y lo que quiere hacer, según sus deseos, según su entendimiento de la vida.
Dar lugar a su palabra, darle crédito a lo que quiere, creerle, respetar sus decisiones.
Si bien podemos compartir, dar, regalar, apoyar, escuchar, desde lo que contamos o también querer buscar alcanzar más, la sororidad no es imponer, suponer, ni creer entender a otra mujer sin haber siquiera preguntado antes y primero que nada, qué piensa ella, con que no está de acuerdo, qué quiere y qué no quiere para sí.
Darle oportunidad y tiempo para que crezca hacia dónde quiere y cuando quiera y pueda hacerlo
Darle oportunidad y tiempo para que crezca hacia dónde quiere y cuando quiera y pueda hacerlo
Y si no podemos o queremos escuchar a la otra en su dimensión particular, tampoco estamos obligadas a hacerlo.
Sororidad también es eso.
Acompañar y respetar el legítimo lugar de lo que es otra mujer.
Dar lugar a que pueda decidir, a que pueda elegir.
Preguntar, acompañar.
La sororidad también implica eso, saber a-le-jar-se cuando no se comparta la visión de la vida de la otra.
Dar espacio para que esa mujer, en su más digno e irrenunciable derecho, de-ci-da.
No impedir, no estorbar, no atacar, no menospreciar, no humillar.
No hablar mal de la otra.
No buscar que le vaya mal a la otra.
Darle lugar a lo que quiera ser cuando quiera serlo.
Sororidad es, entonces, buscar que otra mujer tenga todas las condiciones para decidir, así como tú también las mereces.
Así, poder decidir.
No imponer, no suponer.
No negar lo que crea la otra, no callar lo que piense la otra, no impedir que otra decida, no disponer de lo que la otra quiera para sí, no exponer a otra a la burla, no menospreciar sus decisiones porque sean distintas a las tuyas.
Apoyarle cuando se pueda aportar algo a su vida, estar en momentos difíciles, celebrar con ella las victorias que consiga, recordarle que siempre puede cambiar, e incluso alejarse cuando nada de esto se pueda dar y sobre todo hacerlo sí y sólo sí así lo quiere ella también.
No olvidar que e-lla pue-de e-le-gir.
Preguntarle, acompañarle y si no es posible, alejarse y respetarle.
Eso es sororidad.
Eso apreciable y estimada.
Quien quiera seas.
Donde quiera que estés.
Sin importar el día que estés leyendo esto.
Quizás yo no entienda lo que estás pasando, puede que no llegue a hacerlo nunca, pero respeto lo que eres y lo que quieras o no ser.
Tú voz es lo más valioso que tienes, jamás renuncies a ti.
No renuncies a lo que quieras lograr, no desistas en construirte y reconstruir de ti todo lo que necesites hacer.
Atesórare siempre.
Cuentas conmigo si así lo quisieras, aún en la distancia, así no nos conozcamos nunca, apoyo y respeto lo que eres, tu lugar en este mundo, en esta tierra y en esta vida.
Hoy ocho de marzo, doce de agosto, mañana, el mes que viene, del año que sea, bajo el color que más te guste, desde las formas que mejor te parezca, desde lo que sepa y lo que desconozca, voy a estar ahí porque es lo que nos merecemos todas desde el primer día en que nacimos, desde el momento en que nos nombraron y nos nombramos, desde el momento en que quisiste ser tú, desde el momento en que quieres y puedes ser otra, desde el momento en que quisiste volver a lo que eras, desde que quieres no volver atrás nunca, tienes el derecho a elegir, no lo olvides, ¡tienes el derecho a elegir!
No permitas que alguien te haga olvidarlo o dudar de esto, y no permitas que lo olviden las mujeres en tu vida, a tu al rededor y a tu paso.
Estamos para usar nuestra voz, ahora y siempre, no como favor a otros, si en legítimo uso de nuestro poder, para autorizarnos existir en este mundo y en todos los mundos por venir, lo entiendan hoy o no, lo quieran hoy o no, lo acepten hoy o no, nada nos hará renunciar a ser nosotras mismas.
Tú y yo no tenemos que ser iguales, no tenemos que querer lo mismo para respetar nuestro derecho mutuo a elegir.
Merecemos todas, sin importar quienes seamos o dónde vivamos, las mismas oportunidades para poder elegir lo que queremos y no queremos para nuestro cuerpo, vida, nuestro presente y futuro.
Merecemos todas, sin importar quienes seamos o dónde vivamos, las mismas oportunidades para poder elegir lo que queremos y no queremos para nuestro cuerpo, vida, nuestro presente y futuro.
La sororidad no es una fecha, no es un color, no es solo un día al año. No sólo eres tú o yo, somos todas.
Sororidad es apoyar a que todas tengamos las mismas posibilidades de ser y hacer.
Si bien no se decide nacer con o sin privilegios sí podemos elegir qué hacer con nuestras posibilidades.
Por más mujeres unidas y no enemigas.
Es verdad, sin embargo en el mundo laboral es tan complicado, porque a quien no le gusta trabajar le es más fácil vituperar, desacreditar...sin embargo, me hace feliz saber existimos muchas mujeres que hacemos la diferencia. Gracias por escribir.
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