sábado, 26 de diciembre de 2020

#LeemosEscritoras #LeemosJuntas

Sobreviví al 2020 porque leí con mis amigas, porque leí junto a otras mujeres, porque leí a escritoras.

Nos compartimos textos, los compramos en conjunto, por sugerencia de la otra, hicimos trueques.

Nos los pasamos por correo, inbox, tweets, whats, canales de telegram, drive, epub, utilizamos toda cantidad de enlaces descargables.

Promovimos la lectura, leímos, dejamos de leer, leímos a medias, retomamos lecturas, releímos.

Sin importar el peso de la virtualidad, nos desbordamos en escucha, en el regocijo por vernos, por sabernos cercanas aun en la distancia.

Y lloramos juntas, desde la pantalla, cercana a la otra, a otras sin conocer pero en quienes confiamos y confiaron en nosotras.

Y fuimos (virtualmente) a ferias de libros, círculos de lectura, clubs de debate, coloquios, foros, conversatorios, talleres, no-talleres.

Escuchamos todas las historias de nuestras escritoras favoritas y terminamos escuchando las historias de tantas nuevas escritoras porque una cosa llevó a la otra y un hilo llevó a otro y te etiqueté porque creí que te gustaría, gracias no la conocía, voy a leer más, hola, perdón, yo lo tengo se los paso.

Y juntas fuimos virtuales para sostener(nos) hacer(nos) casa-hogar-guarida-cobijo-territorio-cuerpo-oyente-lectora-escritora-confidente-cómplice.

Este breve texto es en honor a cada una de las escritoras y lectoras con las que he compartido este año, al Book Club Feminista de Xalapa por ser un espacio seguro para hacer colectiva en el lugar donde vivo y, al mismo tiempo, llegar juntas a más lugares, pero sobre todo, llegar a vivir y apreciar el proceso íntimo de la lectura; también agradezco a la Colectiva Feminista @librosb4tipos porque con su maratona #GuadalupeReinas tengo más conciencia del gran valor del trabajo de las mujeres en torno a los libros en todas sus dimensiones.

Sé que sobreviviré a lo que traiga el 2021 porque continuaré leyendo, hablando de y sobre escritoras y porque sé que esto es un camino de compañía, de acompañamiento, de compartir lo que somos, escribiendo y reescribiendo cuanto queramos, porque podemos hacerlo, aprender incesantemente, ser juntas algo nuevo para reescribir nuestra historia cuando lo decidamos.

lunes, 16 de noviembre de 2020

Las Psicoanalistas que (también) escriben

 


Conmemorando el Día de la escritora (19 de octubre 2020)

Conmemorando el día de la escritora, quiero honrar a las psicoanalistas que me anteceden, a las que día a día realizan la labor de escucha, que hacen acompañamiento ante el dolor anímico a quien así lo requiere. Para honrarles pongo este texto y, además, quiero y pondré en el centro de las conversaciones sus palabras, sus actos, su presencia, su existencia desde aquel momento mismo en que esta profesión existe y existieron ellas, lo haré siempre que pueda, porque me importan, porque puedo, porque quiero.

Hace 120 años que el psicoanálisis nació. Antes de que fuera lo que ahora conocemos, ¿qué lugar tenían las mujeres en Viena, en el mundo? Designadas al hogar, si deseaban emprender un camino en alguna profesión probablemente serían alentadas a desistir de esa empresa. La voz de las mujeres tenía más una forma de silencio y de invisibilización que otra cosa, y a menos que alguna circunstancia extraordinaria sucediera no había otro camino que seguir.

El trabajo de Freud consistió en escuchar a sus pacientes de otra manera, desde otro lugar.

De esas escenas recordamos una figura inicial la mujer histérica, la mujer que no sabía lo que quería.

Contemplar esa época, ahora, nos puede sonar distante, quizás hasta extraña. Ahora tenemos presente que la escucha puede realizarse sin importar el sexo de los cuerpos, afirmamos que escuchar las formaciones del inconsciente no tendría distingo ni por sexo ni género de quien las enuncie y menos de quien las escuche. Pero si nos acercamos un poco más a esto que decimos podemos encontrar que en aquel entonces de quienes se esperaba desarrollaran esa profesión, la de la escucha psicoanalítica, eran hombres, aquellos con una posición económica alta o al menos suficientemente estable para llevarla a cabo.

Ese entramado de condiciones eran las que determinaban esa escucha de la mujer histérica. Era un panorama muy de esa época, sí, pero del que aún necesitamos repensar, revisar para poder desarticular, para desencriptar al psicoanálisis de la sombra heteropatriarcal.

¿Qué hubiese pasado si Anna O., es decir Bertha Pappenheim, hubiese tenido un lugar distinto en el mundo en esa época? Podemos suponer muchas cosas, pero lo cierto es que su historia nos hace repensar lo que se considera (im)posible o (in)esperable para alguien que tiene un padecimiento mental, o incluso para una mujer (en esa época e incluso en la actualidad).

Anna O., la primera paciente histérica (¿podríamos decir histórica?) de la que se tiene registro fue atendida desde el psicoanálisis por Breuer y Freud. Fue atendida porque presentaba un cuadro complicado de síntomas dentro de los cuales también se vio afectado su lenguaje. Después de ese caso la técnica se delineó gracias a esa inicial "cura por la palabra". Tomar las palabras, buscar, escuchar.

Escribir es un acto y en psicoanálisis lo llevamos a cabo haciendo escritura, haciendo escucha, de la palabra dicha y no dicha, de lo hecho, de lo soñado, del olvido, del equívoco, del mundo visible e invisible, ese que vamos nombrando de a poco, a tientas y cada caso uno y cada vez. Hacemos uso del lenguaje escrito para dar cuenta de nuestro quehacer, para darle lugar a las metáforas lenguajeras de las que somos efecto y afectamos al mismo tiempo. Nuestra escucha en la clínica, lo que escuchamos, dicho por otras y otros en los espacios de reflexión, de estudio, de (des)encuentro,de inflexión nos llevan a nuevos puertos, a otras personas y pensamientos, a continuar hablando, reflexionando, cuestionando el psicoanálisis, su práctica y también a nosotras y nosotros mismos.

Nuestra fuerza de trabajo es la escucha, el universo mnémico, el universo onírico, la(s) palabra(s). Nuestra labor reside también en el cuidado y atención que ponemos ante cierta palabra latente, enunciada, en la no dicha, pero, sobre todo, en la que no era esa la que se quería decir.

La historia de las mujeres ha sido vivida generalmente desde paradigmas del mundo y del conocimiento como receptoras, pero esa historia contada ya no es vigente porque sabemos que siempre hemos estado allí, vinculándonos al acontecer del mundo desde todas sus trincheras solo que ahora hacemos, tenemos, buscamos y nombramos el registro de esos sucesos.

Las psicoanalistas siempre hemos formado parte del movimiento psicoanalítico de forma activa.

Las psicoanalistas comenzaron viendo desde fuera lo que era solo un círculo cerrado. Esa figura no perduró y a la primera oportunidad se sumaron activamente. Aquí estamos, aquí seguiremos.

Estas líneas surgen gracias a aquellas mujeres que han insistido en su deseo de crear con otras y otros, de creer en sí mismas, aunque el mundo les decía que no. Estas letras van para esas mujeres en el campo del psicoanálisis, a las que sólo conozco por sus escritos, con las que comparto camino simbólico y a veces presencial, a las mujeres de las nuevas generaciones; por su trabajo es que escribo esto y, aunque el canon parezca no cambiar, auguro que habrá muchas más quienes seguirán aquí para narrar lo que sucede en el mundo anímico y del inconsciente, eso para mí, ya es un cambio.

Por último, este texto lo dedico a Bertha Pappenheim quien puso el cuerpo, no sólo como metáfora, sino como continente real, porque fueron sus padecimientos los que puso en palabra, para hacerse escuchar, para decir, decirse, hacer palabra de lo que sentía, darle camino a su sufrimiento no de forma inerte sino como un ser parlante, hablante, habitante de la falta que puede re-cons-tru-ir-se. Ella fue cuesta arriba contra un diagnóstico y una época. Ahora la recordamos y la tenemos presente por su valor en sí, por hablar, por hacerse escuchar, por crear, por existir, por insistir, por resistir.

¡Feliz día de la escritora, a todas las psicoanalistas que escriben, que con la palabra también hacen texto y un lugar de nuevos comienzos!

domingo, 1 de noviembre de 2020

Calaverita psicoanalítica


 Calaverita psicoanalítica: 


Luce Irigaray*


En el principio, era ella

Subió la ola preguntando 

¿Y ese cuerpo que no es uno?

El espéculo de la otra mujer


Escribía sobre el significante

Y sobre el significante se cuestionaba

Sujeto siempre en masculino hablando por el mundo 

¿Por qué no, en cambio, sujeta en femenino?


Disputaste con el más freudiano de los lacanianos

Y ni la muerte ni este virus posmoderno ha podido silenciarte bajo la lápida de ningún panteón 


Era Luce Irigaray, la hija predilecta del psicoanálisis francés, 

no por condescendiente, 

sino por insurrecta



*Luce Irigaray

Nació en Bernissart, Bélgica.

Psicoanalista y filósofa feminista del feminismo de la diferencia.

Reside en Francia.

martes, 19 de mayo de 2020

In-tangible

¿Qué emociones se necesitan para escribir sobre lo intangible?
Intentaré hablar sobre algo en el mundo físico.
Pero su forma, sonido y efectos 
También existen en un mundo sin techos ni suelos

Efímera y peregrina de las palabras
Habita el mundo desde su origen
Desde el despertar de los sentidos de los seres

Tan volátil como quiera verse
Preciada y preciosa
Fractal de luz
Etérea

Como toda magia, si estalla 
Irrumpe en todo, en todos

Crisálida y maleable 
¡ningún mundano deseo sería posible sin ti!

Eterna
Bebible
Irrumpe

La tierra ruge
Del blanco a toda la escala de grises
¿Existe el negro?

Viene de un conjuro sin tiempo
No responde al reloj
Tampoco a las danzas suplicantes 

De pronto,
Sin más,
Se vuelve presente
Y la luz y la sombra, el mismo umbral.

Batalla y milagro 
Caricia y ruptura
De rocas, de grietas
De manos, de sueños

De la frente a tu boca
Derrocha su vida
Del cielo al mar
Del mar al cielo 
No es el fin, es el camino.

viernes, 3 de enero de 2020

“Les Glaneurs et la Glaneuse” (Las cosechadoras y yo) Dir. Agnés Varda (2000)

En nuestros días ver un documental no representa en absoluto un problema, pero si nos detenemos a repensar esto en relación a los nombre que conocemos y cuántos de esos son mujeres, quizás nuestra percepción sea un poco distinta.
Claro que existe un amplio abanico  de documentales, que son exhibidos tanto de manera independiente en ciclos de cine como los qué hay bajo demanda en distintas plataformas.
Al realizar el ejercicio consciente de buscar uno realizado por mujeres podemos tener una búsqueda interesante, historias creativas e inesperadas, hay un gran número de mujeres creativas, de todas las latitudes, de todas las edades, que participan en los diferentes momentos de su elaboración y que realizan una infinidad de temáticas con una mirada siempre fresca.
Como parte del reto lector #GuadalupeReinas2019 del colectivo feminista @Librosb4tipos, mujeres de todas partes del mundo nos embarcamos, del 12 de diciembre, día en que en México se  celebra el Día de la Virgen de Guadalupe, costumbre católica pero que se extiende a toda la vida del país, al 6 de enero, Día de los Reyes Magos, y que, jugando un poco con los significados, comenzamos una travesía de lectura de textos escritos únicamente precisamente sólo por mujeres. 
El maratón lleva consigo diez consignas con temáticas varias y se incluyen otros retos, todos enmarcados en visibilizar lo que las mujeres crean y lo que nos mueven.
Uno de estos retos fue ver un documental realizado por una directora y  compartir un breve texto sobre el mismo. 
No he querido dejar de hacerlo así que aquí estoy a punto de hablarles sobre “Les Glaneurs et La Glaneuse” documental del año 2000 de Agnès Varda.
Es curioso cómo conocí el trabajo de Agnès. La primera vez que vi algo de ella fue justo en el 2019, con “Visages villages” (Rostros y lugares) que hizo con el fotógrafo francés JR en  2017, pero que proyectaban por su fallecimiento en marzo. Agnès murió a los 90 años pero siempre estuvo activa en el mundo del cine.
De su último documental conservé una grata sensación. Al verla tan llena de vida y con una narrativa tan sincera y cálida no pude no sentirme conmovida así como asombrada. No sabía su edad pero me pareció un ser joven y alegre. Y fue su voz lo que me impactó tanto como el universo de imágenes que presentaron.
Cuando lanzaron el reto creí que no conocía a ninguna directora, pero yo misma me corregí al recordar la imagen de Agnès. Busqué algo de ella en el centro de renta de películas local que acostumbro y tenían “Los Cosechadores y yo”.
Con la imagen de la portada no sabía qué esperar, hasta que di la vuelta al estuche y ahí estaba ella, casi idéntica a como la recordaba pero cargando algo que entiendo son espigas. Me devolvió una mirada introspectiva y con eso supe que el mensaje que encontraría ahí era lo que quería ver.
Comienza el documental con su voz, nos habla de las palabras titulares del filme y su significado, de algunos cuadros “Des glaneuses” (Las espigadoras/Las cosechadoras) de 1857 de Millet, y  “Le rappel des glaneuses”(La retirada/El llamamiento de las espigadoras) de 1859 de Jules Breton. 
Estas imágenes nos acompañarán todo el camino para ir transformándose en lo que de la cosecha en el campo hemos llegado a “cosechar” en las ciudades.
Un dato que me resultó curioso es que entrevistó al matrimonio Jean Laplanche y Nadine. Ambos viticultores y catadores pero que también tenían relación con el psicoanálisis. Jean,  estudioso y clínico de esta profesión; y Nadine, quien tuvo su análisis con Jacques Lacan, teórico y psicoanalista francés. Esto me hace pensar que la visión de Agnès también está acompañada por su cultura y que lo reflexiva que es también creo que puede tener que ver con esto que permea en las tradición francesa del pensarse a sí mismo en su actuar, su historia y lo que somos o dejamos de ser. Que, aunque no es único ni de este pueblo y tampoco único para el psicoanálisis, vaya que nos ha dado un gran legado.
Y Agnès es heredera de todo eso, sin duda.
Por otro lado también sus pensamientos a lo largo de su narración nos hacen escucharla  pensarse a sí misma y su transitar en el tiempo, “pienso ser un animal que no conozco”, nos dice (o se dice para sí) mientras ve las arrugas de sus manos en un espejo.
Nos confiesa parte de su historia, aunque no deja de mostrar la de quienes entrevista y también algo más.
“Me gusta filmar restos, residuos, podredumbres y desperdicios”, nos dice.
Pero ¿qué es el desecho?
Todos consumimos, pero la forma y la periodicidad es distinta.
Los objetos que encuentran las personas en las calles para darles otro uso, usarlas de otro modo, seguirlas usando al fin, es algo de lo que vemos, pero el impacto de esos objetos tiene diferentes dimensiones, como nos lo muestra Agnès.
Fueron verdades, en algún punto, para alguien, lo fueron pero perecieron de esa verdad tan efímera.
Fueron objetos de valor utilitario o de distinción y perecieron para el mercado o para el tiempo pero aún así hay objetos que persisten, resisten, cómo las personas que se permiten una otra mirada y los  revaloran tras esa caída de “sus primeros dueños”, a pesar de todo  aún valen.
Recolectar, espigar, recuperar.
Son palabras que Agnès nos muestra para repensarlas en escenarios varios, campo y ciudad, o varias ciudades dentro de la misma, porque parece que tampoco es igual según la cercanía o lejanía del centro citadino como tampoco lo es desde lo que viven  sus diferentes actoras y actores sociales.
Agnès nos regala la pregunta por cómo utilizamos, o no, lo indispensable y hasta de manera impensable y cómo es que nosotros también atravesamos este cambio a veces sin pensarlo pero otras con perspectiva tal que podemos vernos de formas impensables, tras múltiples caídas, siendo distintos pero conservando algo solo nuestro.

Resumen de mi Guadalupe Reinas 2025

Se fueron enero y febrero pero aquí estoy, sosteniéndome en en las cosas que me gustan. Por fin escribí lo que fue mi GR 2025 , maratona lec...