Cada día que llega cada paciente al consultorio, una vez y cada nueva vez, ahí mientras cuenta lo que (no) es y a veces (no) tiene nombre pero que le hace sincerarse, (des)conocerse, ponerle palabras, quitárselas, para re-apropiárselas, le hace elaborar, desbaratar y volver a comenzar, le genera sueños, pesadillas, sin querer o más allá de la voluntad va re-elaborando-se in-equívocos, chistes, lapsus, actos, silencios, sin-sentidos, pone en marcha el re-pensar-se ante sí y ante el mundo, todo eso es de gran valor y es para celebrar que ocurra cada día, un día a la vez.
Agradezco el provilegio de poder acompañar a niñas, niños, niñes, adolescentes, adultas, adultos, escuchar a la sujeta, el sujeto del inconsciente, agradesco ser testigo de cómo van permitiéndose lanzarse a esa búsqueda de una voz, su propia voz a través del aliento y a veces del desaliento pero sobre todo de la palabra, la suya, la que construyen y reinventan para apropiarse del mundo, de su mundo.
Merecen todo nuestro respeto, nuestra escucha atenta, estar allí mientras van construyendo-se, reconstruyendo-se, movilizando-se hacia esos nuevos puentes, hacia esas formas otras de ser y habitar-se, de re-apropiar-se de todas las vidas que habitan en su interior.
