martes, 26 de febrero de 2019

“¿Alguna vez la luz olvida?

De la serie “esto no es una reseña”...léase (sin cuidado) hasta el final.

Hace algunos días (quizás cientos o sólo un par, no habría diferencia) me movió una pregunta “común”: ¿qué tan fácil es el olvido?
Recordar (que proviene del lugar origen, la memoria) acto inconsciente, realizado con una vulgar familiaridad que se siente como si estuviera en nuestras manos.

Escuchamos “todo es posible guardar” desde las fotos a las que les tienes cariño o cierto recelo, pasando por gente en forma de números de contacto (que pocas veces anotas en alguna libreta física), audios y canciones, archivos de libros y películas, juegos (para “agilizar la mente” o para alguna de tantas filas por hacer), hasta tus perfiles en redes (con acceso a todo lo que eres porque nunca las cierras, más por pereza que por no saber la contraseña).
En fin todos esos recuerdos salvados en nubes (o cabezas metafóricas) están a la misma distancia del olvido.
Si pierdes tu “teléfono inteligente todo se pierde”. ¿Cómo se salvan los recuerdos del paso del tiempo?
¿Escribirlo todo, respaldarlo todo?
¿Por qué tendría que parecer aterrador “olvidar”, “perder” los recuerdos?
¿Acaso no somos una pérdida constante, del tiempo que pasa sin permiso, de  seres y cosas, visibles e invisibles, que pasan a lado nuestro, pero que, al mismo tiempo, nos convierte en un santuario de lo imborrables?

No poseemos nada.
No llegamos a saber de las cosas más que una simple silueta entre tantos claroscuros.
Quizás somos habitados por las palabras sólo por un tiempo.
El tiempo que nos es posible hospedarlas dentro nuestro.
No llegamos a, sólo nos aproximamos.
No existe empeño suficiente que frene el olvido y el recuerdo.
El paso del tiempo subsiste detrás de cada gesto, pensamiento y sentencia, dentro de cada sueño y pesadilla, quizás lo suficiente para que haga efecto en nosotros o mientras podamos crear algo con ello.
Lo suficiente como para ser llave de ventanas, puertas y puertos.

Te pregunto
¿Qué sería del mundo sin ti?
¿No habría compañía, soledad, ni la palabra tú, ni yo?
Llegas al mundo, te nombran y nombras, continuas y (te)descubres en significados e in-significancias. 
Te olvidas de recordar, estas “no estando”.
¿De eso se trata la vida? ¿De recordar? ¿De ser recordado? ¿De (no)morir?

Habrá quien diga a dónde ir, qué pensar, quién ser. 
Quien no escuche si quiera y explique a otros lo que quieres y buscas.
Es posible que haya quien no te mire ni tome en cuenta, jamás se acerque, eso e igual a nada.
Pero también habrá quien te invite a probar, a ver, a di-sentir, a ir, a escuchar, a escucharte a ti, a preguntar-te por lo que sientes o quieras creer ser.
Nace una estrella” cada que vamos siendo dichos en un tumulto de corazones ciegos que intentan recuperar su camino hacia la luz.
La voz que nos viene de dentro no es siempre audible, necesita el eco de otras voces, de otros recuerdos, de otros olvidos para ser y no ser. ¡Para nacer!
Eres un canto en esperanto con la potencia de mil soles para re-surgir cada día y todos los días que quieras y que faltes.

Lo entienda alguien o no.

Llevas contigo el abismo y la cima juntas.
Que no te traten de convencer de lo contrario.
¿Que importa si a veces la carne llega a ser predecible? Es del alma desde donde hablamos. Es desde allí de dónde nos salvamos de haber nacido mortales, del vacío de haber nacido solos, solas, soles.
Es del alma de lo que hablamos y nos habla suplicando no callar hasta que no estalle en la última guerra, ¡de la que ya eres victorioso porque es tuya!
Nadie sabe cuál es el camino del viento.
Nadie sabe dónde se esconde el fuego.
Nadie puede decirte que “no podrás llegar” porque jamás ha habitado en ti ni en tu camino.
Nadie conoce más del derecho de soñar que quien se atreve a estar despierto.
Nadie merece más el intento del amor que quien ha tocado el dolor.
Nadie puede señalarte mas que tu propio espejo.
Nadie podría hacer frente tuyo mas que desde una pregunta.

Y que de los incendios renazca la primavera.
Que del bramido más doloroso provenga una cascada de luz.
Que de tus cenizas se alimente el futuro.
Que te olvides y nunca dejes de hacerlo, al decir-te en todos y en ningún lado, ayer, mañana, nunca y en todo momento.
Que no callen tu alma en las explosiones que le venga en gana  llegar a este mundo.
Que no guarden de ti una figura raquítica, confundida entre pared y sombra, que no guarden de ti sino la explosión, las mil formas de un mismo instante, la agudeza de tu cuerpo, la voraz apetencia de todos tus sentidos.
Sé lo que quieras ser, sélo hasta donde tus fuerzas alcancen, contra la rabia de quien sea, en la calidez de quien te encuentre, pero también contra el odio de quien solo tenga eso para sí, sélo en la intimidad y bajo los ojos de quien sea que (no)esté viendo(te), sélo  hasta que las palabras no te toquen. Sé del firmamento, de todas las nubes y querubines, de todos los círculos del infierno, sé un mismo ser, sé del universo anhelo y del cielo orgullo. Sé estrella, rayo, tormenta, ráfaga de luz, huracán, temblor, lava ardiendo, negra noche, caída, abandono, reencuentro, promesa.
Sé tú, sélo porque ya lo eres, si tienes que ser implacable sélo, hazlo porque solo tienes esta oportunidad.

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