Extiendo mi mano sobre la obscuridad
El ruido de un río invisible me alimenta.
Anochece.
Busco una hoja y este lapicero
como si fueran agua o un bocado que comer
Pero en el camino del aire, el sueño se interpuso y olvidé la sed
Ahora, en medio de la noche, del río y del silencio
Busco cualquier papel y lapicero como un pañuelo y una luz,
para llorar, para seguir andando.
Esto no es una crónica, naturalmente
Porque a mi se me da el no dárseme las cosas.
No se me dan por el simple hecho de que solo me aproximo y es un intercambio, no una conquista
Aquí, mi palabra, ésta palabra
La que escuchas en ti cuando lees esto
Empezó como una voz mía, que fui construyendo casi como invento
Ahora, es tuya y también inventas tú.
*
La ciudad es enorme, pero si lo intentamos nos encontramos en la misma fila
Pretendemos que la inmensidad de la historia quepa en un par de horas
Sabemos que no es posible pero nos hacemos los desentendidos.
Cada asiento tiene un murmullo
Y el espacio se rompe con otro idioma
No es de otro mundo, solo de otra tierra
¿Por qué duele tanto sabernos distintos?
Cada uno espera, o no, que se cumpla alguna expectativa
Aunque nadie sabe de cierto si es posible, igual creemos
Eso es parte de lo que nos trajo aquí, ¿no es cierto?
El reloj no deja de correr y el mundo aún intenta salvarse
Desde la avenida se hace el silencio de unos pasos
Y entonces, aparece.
Su nombre y todo su pasado deja claro su fastuoso estruendo.
Ella sabe que está retando al tiempo
Avanza, avanza, avanza, se detiene
Rechaza, se burla, calla
Ríe sin mofa, pareciera retar algún recuerdo,
y vuelve sin más sobresalto.
¿Quién es uno en ese ruedo compartido?
Estallan las manos y el salón se vacía
Élisabeth termina su primera aparición en la Ciudad Monstruo.
La exaltación posee y desposee a los presentes como notas de alguna canción que no suena en ningún lugar.
Saludos entre cientos de desconocidos
¿Cuántas veces se necesita ver a alguien para creer que se le conoce?
Afuera llueve y todos toman un fragmento de sí para resguardarse en la memoria.
Volvemos a nosotros mismos de una u otra forma, en alguna hora y otra.
*
El silencio sigue sonando, como manecillas del reloj
Pero la hospitalidad serena el espacio
Dejo caer mi cabeza sobre la almohada
Y me rondan en elipsis voces que no son mías
Discusiones que yo no empecé
Preguntas que yo no hice
Viajes ajenos.
Enojos y simpatías volaban por doquier.
Solo me es propio el sonido del río cercano.
Y por azares que desconozco, un salvavidas,
un libro de Sabines.
Si el análisis me ha salvado la vida, la poesía me ha devuelto la sensación de vivir.
*
La luz vuelve, otro día comienza pero nos encontraremos hasta el atardecer.
Dan vueltas por doquier.
Nadi
¿Cuántas tazas de café se necesitan para comenzar el rechazo a rechazar?
La ironía y el sarcasmo bien podrían sumarse a la lista de asistencia.
Esta ruleta de emociones se obsequia en todo círculo entre humanos.
De cualquier modo, sin permiso, avanzamos.
Y se logran pactos y alianzas.
La felicidad parece estar dentro de todos, y en cierto modo así es.
No hay chiste del que no rían
No hay libro que no regalen
No hay amistad que no se ofrezca
A veces más, a veces menos, somos Torre de Babel.
Se acaba el día.
Hablan de todo y la noche se enciende.
*
Siendo la ausencia de un cuarto sin luz
Para salvarme de mí vuelvo a pedir asilo en mis palabras de colores
Porque en el oleaje más tranquilo también se puede desaparecer
Y sé posible iluminarme con esas luces oscuras, esas que describió Roudinesco, sí, esas otras que viven sin favor de la conciencia
Las que encuentro leyendo poesía flotante, en mí o escrita por alguien más, dicha por alguien más
Porque el amor lo cura todo, o no, pero el poema da cobijo,
también
cuando se le escribe,
cuando se le clama,
¿no es esto también otra forma del amor?
Siento el lenguaje de los colores hablándome al oído.
No puedo ser más clara para explicar qué pasa por mi durante el insomnio.
Las madrugadas traen consigo el sonido de las casas que crujen,
solo a esa hora se tiene el tiempo de escucharlas,
solo a esa hora he escuchado el quebranto y he podido ponerle en palabras.
*
Llegamos al fin. Al fin, llegamos.
Se habló del amor en los ojos de alguien más.
Del significante padre y origen, de compañías, miembros y ex comulgados, del diván, museos, técnica; del tiempo y la escanción.
De las mujeres, su importancia, lugar y pertenencia en el movimiento psicoanalítico.
Sobre creación y lo que hace o no un psicoanalista.
¿Qué hace o no hace un psicoanalista?
Pero los textos no son mandamientos.
Se habló de Francia.
¿Qué pasa en México?
*
Cada uno cree en su propio triunfo, pero apostamos por el otro.
La luz obscura se diluye durante el día también.
Aunque no nademos del mismo modo, bebemos la misma agua.
No hay camino detrás sino la suma de los caminos.
Los abrazos de hasta pronto, hasta luego, hasta siempre.
¿Qué es el tiempo?
La tierra ajena es una misma hasta volver a tocar la puerta propia.
*
El mayor cobijo, éste lapicero con el que escribo, esta hoja, blanca no más, frente mío.
Mi boca seca, la mente en blanco.
No sé qué hora ha dado, tampoco me importa averiguarlo.
Me hace daño el sueño, pero sobre todo la cordura.
Solitarios siendo
Solitarios andando
Nos hemos dicho "hasta pronto" creyéndolo.
Alguna vez si quiera lleguemos a encontrarnos.








