martes, 1 de enero de 2019

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Día 1 para el mundo humano, de nueva cuenta y por dos mil diecinueveava ocasión, después de Cristo, de nuevo.
Si bien (no) puede evitarse, ¿para qué quejarse in-cansablemente de la relatividad del tiempo?
La queja libera nuestra mente y espíritu, de acuerdo.
Para nuestros cuerpos el paso del tiempo no representa una ventaja, seguro.
Pero ya está casi pre-visto que se sufrirá lo se vaya a sufrir, se padecerá lo que se vaya a tener que padecer, porque ese paso de lo temporal no se aminora en nada por el clamor mundano, pero ¡de la angustia resurgirán los deseos!
No obstante, me pregunto, unas veces más que otras, si quejarse tendría que (o podría) ser por algo distinto. Lo pienso en voz alta, usted me disculpará, o no, apreciable lectora, lector, pero en estos mares las ideas así avanzan y relatan im-perdonablemente.
Y es que ¿al humano le cuestan los inicios y dar por término las cosas y, por eso, se forza para lograrlo creando sistemas métrico-decimales para escudarse, ayudarse, perdonarse, resignarse en ellos, por ellos y a pesar de sí mismo?
Espero mis palabras no se tomen a prejuicio, porque estas dudas en forma de pregunta o acertijo surgen sin objetivo moralista y solo por lo que el sentido catártico del método pueda crear después, en quien sea y donde sea. Quería que lo supieras ya que has pasado por aquí.
Cada renglón es un intento de bucear profundo en un mar de ideas, hallazgos y des-encuentros.
Pero si no hay reflejo en tus aguas, con sinceridad te confieso que no hay más nada que me parezca mejor. 
Disiente, te imploro.
Disiente conmigo y de quien así lo desees, te agradezco el gesto siempre.
Sal, zambúllete de estas líneas a la marea que más sacuda o tranquilice tus noches, tus días y tus pensamientos, te invito y suplico, de nuevo y siempre.
Sueña si quieres, no lo hagas si no te hace falta.
Porque lo que más me puede, con esas ideas persecutorias del tiempo y del espacio, es que algunas de ellas tengan tintes de forzar al otro a ser lo que no sabe, no quiere o no puede ser.
La vida es más invitación e interrogante que atajo, que receta, qué certeza, que respuesta.
Avanza con lo que tengas, no te detengas, ya habrá lugar para lo que se tenga que hacer lugar. 
Habrá quien escuchará, si así llegas a desear que suceda.
Toma un pedazo del tiempo para lo que más te cimbre y cimbra al mundo  de vuelta, ¡te imploro!
Hazte siempre escuchar, te invito, que la vida es solo un eterno pensamiento en voz alta.

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