En nuestros días ver un documental no representa en absoluto un problema, pero si nos detenemos a repensar esto en relación a los nombre que conocemos y cuántos de esos son mujeres, quizás nuestra percepción sea un poco distinta.
Claro que existe un amplio abanico de documentales, que son exhibidos tanto de manera independiente en ciclos de cine como los qué hay bajo demanda en distintas plataformas.
Al realizar el ejercicio consciente de buscar uno realizado por mujeres podemos tener una búsqueda interesante, historias creativas e inesperadas, hay un gran número de mujeres creativas, de todas las latitudes, de todas las edades, que participan en los diferentes momentos de su elaboración y que realizan una infinidad de temáticas con una mirada siempre fresca.
Como parte del reto lector #GuadalupeReinas2019 del colectivo feminista @Librosb4tipos, mujeres de todas partes del mundo nos embarcamos, del 12 de diciembre, día en que en México se celebra el Día de la Virgen de Guadalupe, costumbre católica pero que se extiende a toda la vida del país, al 6 de enero, Día de los Reyes Magos, y que, jugando un poco con los significados, comenzamos una travesía de lectura de textos escritos únicamente precisamente sólo por mujeres.
El maratón lleva consigo diez consignas con temáticas varias y se incluyen otros retos, todos enmarcados en visibilizar lo que las mujeres crean y lo que nos mueven.
Uno de estos retos fue ver un documental realizado por una directora y compartir un breve texto sobre el mismo.
No he querido dejar de hacerlo así que aquí estoy a punto de hablarles sobre “Les Glaneurs et La Glaneuse” documental del año 2000 de Agnès Varda.
Es curioso cómo conocí el trabajo de Agnès. La primera vez que vi algo de ella fue justo en el 2019, con “Visages villages” (Rostros y lugares) que hizo con el fotógrafo francés JR en 2017, pero que proyectaban por su fallecimiento en marzo. Agnès murió a los 90 años pero siempre estuvo activa en el mundo del cine.
De su último documental conservé una grata sensación. Al verla tan llena de vida y con una narrativa tan sincera y cálida no pude no sentirme conmovida así como asombrada. No sabía su edad pero me pareció un ser joven y alegre. Y fue su voz lo que me impactó tanto como el universo de imágenes que presentaron.
Cuando lanzaron el reto creí que no conocía a ninguna directora, pero yo misma me corregí al recordar la imagen de Agnès. Busqué algo de ella en el centro de renta de películas local que acostumbro y tenían “Los Cosechadores y yo”.
Con la imagen de la portada no sabía qué esperar, hasta que di la vuelta al estuche y ahí estaba ella, casi idéntica a como la recordaba pero cargando algo que entiendo son espigas. Me devolvió una mirada introspectiva y con eso supe que el mensaje que encontraría ahí era lo que quería ver.
Comienza el documental con su voz, nos habla de las palabras titulares del filme y su significado, de algunos cuadros “Des glaneuses” (Las espigadoras/Las cosechadoras) de 1857 de Millet, y “Le rappel des glaneuses”(La retirada/El llamamiento de las espigadoras) de 1859 de Jules Breton.
Estas imágenes nos acompañarán todo el camino para ir transformándose en lo que de la cosecha en el campo hemos llegado a “cosechar” en las ciudades.
Un dato que me resultó curioso es que entrevistó al matrimonio Jean Laplanche y Nadine. Ambos viticultores y catadores pero que también tenían relación con el psicoanálisis. Jean, estudioso y clínico de esta profesión; y Nadine, quien tuvo su análisis con Jacques Lacan, teórico y psicoanalista francés. Esto me hace pensar que la visión de Agnès también está acompañada por su cultura y que lo reflexiva que es también creo que puede tener que ver con esto que permea en las tradición francesa del pensarse a sí mismo en su actuar, su historia y lo que somos o dejamos de ser. Que, aunque no es único ni de este pueblo y tampoco único para el psicoanálisis, vaya que nos ha dado un gran legado.
Y Agnès es heredera de todo eso, sin duda.
Por otro lado también sus pensamientos a lo largo de su narración nos hacen escucharla pensarse a sí misma y su transitar en el tiempo, “pienso ser un animal que no conozco”, nos dice (o se dice para sí) mientras ve las arrugas de sus manos en un espejo.
Nos confiesa parte de su historia, aunque no deja de mostrar la de quienes entrevista y también algo más.
“Me gusta filmar restos, residuos, podredumbres y desperdicios”, nos dice.
Pero ¿qué es el desecho?
Todos consumimos, pero la forma y la periodicidad es distinta.
Los objetos que encuentran las personas en las calles para darles otro uso, usarlas de otro modo, seguirlas usando al fin, es algo de lo que vemos, pero el impacto de esos objetos tiene diferentes dimensiones, como nos lo muestra Agnès.
Fueron verdades, en algún punto, para alguien, lo fueron pero perecieron de esa verdad tan efímera.
Fueron objetos de valor utilitario o de distinción y perecieron para el mercado o para el tiempo pero aún así hay objetos que persisten, resisten, cómo las personas que se permiten una otra mirada y los revaloran tras esa caída de “sus primeros dueños”, a pesar de todo aún valen.
Recolectar, espigar, recuperar.
Son palabras que Agnès nos muestra para repensarlas en escenarios varios, campo y ciudad, o varias ciudades dentro de la misma, porque parece que tampoco es igual según la cercanía o lejanía del centro citadino como tampoco lo es desde lo que viven sus diferentes actoras y actores sociales.
Agnès nos regala la pregunta por cómo utilizamos, o no, lo indispensable y hasta de manera impensable y cómo es que nosotros también atravesamos este cambio a veces sin pensarlo pero otras con perspectiva tal que podemos vernos de formas impensables, tras múltiples caídas, siendo distintos pero conservando algo solo nuestro.


Fabuloso me encantó!
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